proprio cuerpo».
Ora, esa arrogancia quedaba al descubierto en la sala de ecografías.
Il dottor Salinas ha ripetuto, esta vez con más frialdad.
“¿Recibió el alta médica?”
Diego apartó la mirada.
Paula susurró: “¿Diego?”
Él espetó: “Cállate”.
Il rostro del medico se sopporta.
“No hables así en mi sala de examen.”
Per qualche ragione, eso casi me hizo llorar de nuevo.
Uno sconosciuto mi aveva difeso con maggiore dignità di quella che il mio marito mi aveva mostrato per settimane.
Diego se pasó ambas manos por el pelo.
“Esto no
